
Los vómitos son algo habitual dentro de un cuadro gastrointestinal, que suele aparecer en las épocas de invierno. Un vómito no es más que la expulsión violenta del contenido del estómago a través de la boca, es decir, que no estamos hablando de una enfermedad por sí sola.
El doctor Carles Luaces, pediatra del Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona, comenta como actuar frente a una situación en que un niño no deja de vomitar.
Vómito, un síntoma
Los cuadros gastrointestinales son propios de los días de invierno, y una de sus manifestaciones viene dada por los
vómitos. En esta época en que los procesos respiratorios son más frecuentes, la fiebre, tos, mucosidad y
vómitos pueden aparecer como consecuencias de esa alteración. Los
vómitos también pueden obedecer a una patología del aparato digestivo. Por eso es necesario acotar la causa, saber si ese vomito tiene relación con el aparato digestivo o bien se produce por otra causa. En el caso de los niños, hay que destacar que algunos tienen más facilidad para vomitar que otros. A pesar de que es una acción desagradable, el paciente se siente más calmado una vez ha expulsado aquello que le generaba irritación y malestar. El cambio en el estado general del paciente es notorio.
Vigilar la Deshidratación
Uno de los aspectos que hay que controlar cuando un niño presenta
vómitos es que la pérdida de líquidos a través de esa expulsión del contenido del estómago no acabe provocando una
deshidratación. Los niños muy pequeñitos, al no hablar, no pueden decir si tienen sed, así que por precaución habrá que ir dándoles líquidos cada cierto rato. No hay que olvidar que en los más pequeños el equilibrio interno es más ajustado así que las probabilidades de que se produzca la
deshidratación son más altas. Así que la pérdida de líquidos acompañados de la falta de ingesta de comida puede llevar al niño a una situación delicada. Existen unas bebidas comercializadas que constituyen una rehidratación oral porque contienen una serie de sales minerales y de oligoelementos que ayudan a reponer lo que se pierde a través del vómito. Cuando los
vómitos son importantes hay que intentar compensar esas pérdidas.
También hay niños que junto con los
vómitos presentan
diarreas, algo que aún propicia más las
deshidrataciones. Es preciso saber que la fase de rehidratación no supere las 4 horas. Tras este periodo de tiempo ya se pueden empezar a ingerir calorías, aunque sean pocas, pero hay que intentar que el aporte calórico empiece a entrar en el cuerpo.