
María López, que en la actualidad cuenta con 75 años de edad, explica los graves perjuicios que para su calidad de vida le ha causado el vértigo que ha venido sufriendo desde muy joven, como
quedarse paralizada por completo y necesitar siempre tener a alguien a su lado porque a veces le sobrevienen vómitos.
Todo empezó con los mareos de su juventud, "todo me daba vueltas", detalla María, lo que de entrada se creyó que era por culpa de la tensión baja. Tras un periodo de 3 o 4 años sin notar los síntomas, los ataques de vértigo reaparecieron hasta el extremo de sufrirlos cada semana. "No podía ni levantarme de la cama o abrir los ojos", recuerda esta paciente, que
destaca el gran apoyo que siempre ha recibido de su familia y de sus hijos en los momentos más delicados.
Por norma general, María
suele padecer los vértigos en casa, a media tarde e incluso por la noche, cuando el malestar la despierta. Una de las paradojas de su caso es que ha cogido aviones y por el momento jamás ha sufrido los síntomas estando en las alturas.
A María la sometieron a una intervención avisándola de que podía quedar sorda, lo que por suerte no sucedió. Tras notar de vez en cuando algún ruido extraño en el oído, María confiesa que en los periodos más invalidantes de la enfermedad ha llegado a sufrir una depresión, porque es una mujer "muy activa" y los vértigos "no me dejaban participar en actividades familiares", señala.