“No tratar a corto y largo plazo a un niño con esta patología con el tratamiento adecuado es un grave error que va a desembocar en patología muy seria. Sabemos que el niño que no fue medicado, en la edad adulta va a ser mucho más agresivo, va a tener muchos más trastornos de relación, va a fumar mucho más, va a beber mucho más alcohol, tiene mucho más riesgo de consumir drogas y de sufrir accidentes de tráfico, se va a divorciar 3-4 veces más que el resto de la población y cambiará de trabajo 3-4 veces más”, destaca el doctor Katz.
El TDAH es un trastorno que implica una problemática a nivel del sistema nervioso central y de la conducta del niño. La importancia de su diagnóstico radica, también, en su dificultad. Y es que, “no existe ninguna prueba, ningún marcador biológico, que determine qué niños sufren esta enfermedad”, explica el experto. Y añade, “el diagnóstico ha de ser puramente observacional, es decir, hay que observar al paciente en todos los ámbitos de su vida (en su cada con la familia, en el colegio, en el parque…) e intentar identificar aquellas conductas comunes que determinen un exceso de actividad y de impulsividad y una falta de atención”.
La prevalencia del TDAH en niños se ha estimado del 5 al 10%. En el caso de los adultos la incidencia es del 4%. Aunque las muestras clínicas, en general, señalan una proporción de 10 niños, por cada niña, la realidad es que la proporción es de 2 a 1, es decir, “existe una frecuencia poco reconocida en el caso de las niñas”, apunta el doctor Katz.
Otro de los aspectos clave de la enfermedad es su claro sello genético. Se considera un cuadro hereditario en casi un 90% de los casos. De hecho, muchos padres se dan cuenta de que han sido y son hiperactivos a raíz del diagnóstico de sus hijos. “Como todo problema neurobiológico, el TDAH tiene una base genética muy potente. Diversos estudios, hechos con padres biológicos y adoptivos han constatado este hecho”, destaca el doctor.
“Esta es una enfermedad biológica que requiere de una repuesta biológica”, asegura el doctor Katz. Así, la primera línea de tratamiento del TDAH es la medicación. Según este pediatra, “el tratamiento farmacológico, en concreto con psicoestimulantes, como el metilfenidato, no sólo actúa en los síntomas centrales, sino también en las comorbilidades de la enfermedad como: la agresividad, la dificultad de las interacciones sociales o la eficiencia académica”. Estos medicamentos son los más estudiados hasta la fecha y los que han demostrado una mayor eficacia. También se pueden utilizar como tratamiento fármacos no estimulantes, como la atomoxetina.

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