
Aunque existen muchas causas de anemia ferropénica, la dieta juega un papel fundamental y en este sentido unos malos hábitos alimenticios pueden favorecer la aparición de este tipo de cuadros. Otro de los desencadenantes de la anemia son las
pérdidas que llevan aparejadas las menstruaciones, según comenta el doctor Javier del Pozo, ginecólogo de Centro Médico Teknon.
Algunas pacientes llegan a acostumbrarse a esas menguas, que pueden verse favorecidas por cambios en los tejidos de la matriz o por úteros agrandados, y no dan la importancia que merecen las consecuencias de la anemia, como el cansancio y el dolor de cabeza. Con el paso del tiempo,
las pérdidas continuadas pueden favorecer la consolidación de una anemia crónica.
En las menstruaciones
se pierde hierro, una sustancia fundamental para mantener los glóbulos rojos en óptimas condiciones y el aporte adecuado de oxígeno a los tejidos del organismo. Por eso, el aporte de hierro es el principal tratamiento para limitar las pérdidas -aparte de la medicación y la cirugía-. El hierro hay que tomarlo en ayunas, media hora antes de la comida o bien dos horas después de ella, procurando no acompañarlo de leche para evitar problemas de digestión. Es mejor combinar el aporte con zumo de naranja. Debe tenerse en cuenta que las heces podrían oscurecerse por la presencia de hierro.
Lo más habitual es que
este tratamiento dure unos dos meses teniendo en cuenta que el hierro se absorbe poco. Tanto es así, que no se absorbe más del 10-20 por ciento del que se ingiere.