
Se ha observado que los mamíferos que presentan un mayor número de
pulsaciones por minuto tienen una expectativa de vida corta. La frecuencia cardiaca de los ratones, por poner un ejemplo, está sobre las 500 y 600, otorgándoles una
esperanza de vida de uno o dos años. En condiciones normales, los seres humanos rondan las 70 pulsaciones.
Se considera que una persona sufre de
taquicardia cuando supera los cien latidos por minuto.
Según explica el doctor Luis Rodríguez-Padial, jefe del servicio de cardiología del hospital Virgen de la Salud de Toledo, cada latido requiere del corazón un consumo de
energía muy importante, medido en partículas
ATP. En otras palabras, un corazón debe sintetizar diariamente una media de 30 kg de ATP.
De hecho, existen estudios que acreditan que
bajar la frecuencia cardiaca mediante
fármacos reduce la mortalidad derivada de
enfermedades cardiovasculares.