Alegrías como que el equipo de los amores marque un gol en el último minuto de partido y dé la victoria es una posible causa de aparición de una
angina de pecho, admite el doctor José Luis López Sendón, jefe del servicio de cardiología del Hospital la Paz de Madrid. De todos modos, desde el punto de vista de los factores de riesgo cardiovascular, siempre será peor un disgusto que una alegría.
En los
dos tipos de emociones, se produce un aumento de la frecuencia cardiaca y de la tensión arterial, con lo que se ponen en marcha mecanismos que incrementan la necesidad de oxígeno en el corazón igual que ocurre cuando se realiza un esfuerzo. A los
pacientes correctamente diagnosticados se les recomienda tener siempre a mano un nitrato para poner debajo de la lengua en caso de sufrir los síntomas propios de una angina de pecho, un dolor opresivo muy similar al de las amígdalas.
Se considera que un paciente sufre una
angina de pecho estable cuando está médicamente controlado, es decir, se sabe que padece lesiones coronarias que de vez en cuando le provocarán
dolores en el pecho pero sin ir acompañados de cambios en cuanto a intensidad, frecuencia y duración.
La
calidad de vida de estos afectados es buena, pudiendo llevar una vida normal y en algunos casos incluso existe compatibilidad con la práctica de un deporte. Los tratamientos para esta dolencia tienen
dos objetivos: corregir los factores de riesgo, como hipertensión, colesterol alto, etc, y medicar con el fin de disminuir las necesidades de oxígeno del corazón.
Una
frecuencia cardiaca alta también constituye un peligro añadido, por lo que en muchos casos se impone el uso de los últimos avances en fármacos, en concreto los encaminados hacia la reducción de las pulsaciones.
La
diferencia entre una angina de pecho y un infarto de miocardio reside en que la angina sólo produce dolor por falta de riego en una porción del corazón, mientras que el infarto se caracteriza por una falta de riego tan intensa y prolongada, que "se muere" una parte de ese órgano vital, detalla el doctor López Sendón.