
Para que se declare un
cólico nefrítico, o lo que es lo mismo, que se sufra un ataque de
mal de piedra, se requiere de una buena función del riñón, que sea "muy potente", afirma el doctor Ramón Serrate, jefe del servicio de urología del Hospital Quirón Barcelona, "a no ser que la piedra ya esté formada anteriormente y haya bajado", puntualiza.
En
verano los cólicos nefríticos son más frecuentes porque con el aumento de la sudoración la orina va más concentrada, se cristalizan más los minerales, se forman más piedras y cuando éstas tienen un tamaño superior a los dos milímetros pueden obstruir la libre circulación de la orina, causando una dilatación que comporta un
dolor "tan brusco e insoportable que no se olvida nunca", especifica el doctor Serrate, quien añade que "las parturientas aseguran que el dolor es más fuerte que un parto". Estas molestias se irradian de la zona lumbar a los costados, asociándose a náuseas y vómitos. De hecho, no resulta extraño que la mayoría de urgencias hospitalarias estén vinculadas a las patologías urológicas.
Muchos de los ataques de mal de piedra acaban con el
ingreso en el hospital del paciente, mientras que en el resto de los casos se administran calmantes o se recurre a remedios caseros como las bañeras calientes. Cuando el cólico nefrítico se ha repetido dos o tres veces y la piedra tiene un diámetro superior a los 5 milímetros, el tratamiento que se aplica para fragmentarla es el de la
litroticia, cuyo desarrollo es ambulatorio y requiere de una pequeña sedación. Si este método no funciona, entra en acción la
ureteroscopia, consistente en tocar la piedra con el láser para deshacerla.
El componente
hereditario de los cólicos nefríticos se reduce a determinados tipos de piedras, como las del ácido úrico. Esta dolencia puede llegar a ser
persistente: se calcula que a los 5 años, un 50 por ciento de los ataques reinciden.
Para
prevenir el mal de piedra, nada mejor que beber abundante agua. Si las piedras son de calcio, debe evitarse el consumo de queso y derivados de la leche y el agua calcárea, y si la composición se asocia al ácido úrico, hay que disminuir la ingesta de carnes.