En medicina se distingue entre quiste ovárico, que es toda aquella tumoración cuyo contenido es líquido, y se le llama nódulo o tumor cuando el contenido es sólido, puntualiza el Profesor José María Lailla, Catedrático de Ginecología y Obstetricia por la Universidad de Barcelona. Presidente del Comité Organizador del Trigésimo Congreso de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia.
Hay tres criterios para clasificar los quistes: uno en función del volumen y que presente un diámetro de entre 5 y 7 centímetros; otro criterio es cuando producen dolor y compresión en órganos adjuntos y por último, hay el criterio que marca la duda de la benignidad del quiste, pero no en el quiste, sino en las paredes de este quiste: si hay papilas, irregularidades u otras sintomatologías.
La intervención si este quiste es de tamaño grande o tiene estas irregularidades, se hace mediante laparoscopia para hacer el diagnóstico exacto. Para quitar el quiste se hace una cistectomia, que es el vaciado del líquido, extirpando la cápsula. En algunas ocasiones, este quiste está muy adentro del ovario y por tanto hay que extirpar ese ovario.
Un 15% de mujeres sufren los llamados teratomas, que son unos tumores mixtos, líquidos y sólidos y que aparecen de los tejidos celulares. Desarrollan unas líneas celulares propias de la edad juvenil, antes de los 30 años, y que tienen forma y tacto especial; aunque son en general benignos, deben controlarse para que no modifiquen su estructura y composición.
En las revisiones ginecológicas deberían detectarse este tipo de tumores, si bien hay que indicar que debe hacerse una revisión anual, ya que en la exploración de la citología que es aconsejada cada tres años, puede ser tarde para detectar estos tumores o ya pueden estar muy avanzados. En esta revisión anual debe hacerse aparte de la exploración por el tacto manual, una ecografía transvaginal.
El tumor maligno es difícil de tratar, ya que su diseminación es muy alta, lo que comporta grandes cirugías de vaciado, con dosis de quimioterapia elevada, y ello hace que aún muchos casos acaben fatídicamente.
El reto de los congresos de ginecología pasa por mejorar la formación, buscar consensos entre las metodologías diferentes existentes y participar del desarrollo científico para mejorar la calidad del servicio, la mejora tecnológica y el éxito terapéutico.
En la ecografía se han hecho avances para estudiar la vascularización tanto de los órganos fetales, como de la placenta y de los tumores,; con esto, los médicos disponen de una herramienta para mejorar el diagnóstico de enfermedades.
Hay estudios para mejorar las fórmulas farmacológicas que atienden la menopausia, también mejorar el diagnóstico y el tratamiento de los dos cánceres más prevalentes, el de mama y el de endometrio. También se debaten en los congresos los avances en la incontinencia urinaria, en la fertilidad, en las tasas de cesáreas, en la edad de las parturientas,etc.

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