La radiofrecuencia endovenosa consiste en el tratamiento de las varices mediante calor, aplicando energía térmica controlada. Se trata de una opción alternativa, donde a través de la vena se introduce un electrodo bipolar hasta la ingle, que es donde normalmente radica el mayor problema. Este electrodo, a través de la temperatura en contacto con la pared de la vena, produce una alteración de las proteínas que provoca el cierre de esta vena, eliminando la presión hidrostática sobre la misma.
Desde el punto de vista tecnológico no tiene nada que ver con el láser, ya que la radiofrecuencia es por contacto de la pared a una temperatura baja, entre 80º C y 100º C, lo que produce una desnaturalización del colágeno de la pared, una retracción y el cierre de la vena. Por contra, el láser trabaja a una temperatura de unos 700º C, y lo que produce es una oclusión trombótica.
Cualquier paciente puede ser tratado con esta técnica, si bien es especialmente recomendado para aquellos que tienen varices complicadas y no estéticas.
Decir que la técnica escleoterapia, ya sea líquida con espuma, es una técnica complementaria a lo que sería una técnica mayor para varices reticulares o para capilares con esclerosis líquida. La diferencia entre ambas técnicas, radiofrecuencia o cirugía convencional, radica en la recuperación del paciente, ya que con la radiofrecuencia, el tiempo de reestablecimiento es menor y se alcanza inmediatamente una calidad de vida mayor.
No hay una técnica estándard de varices, y la técnica a aplicar debe ser adecuada al tipo de paciente, y lo normal es aplicar la combinación de varias técnicas para conseguir mejores logros.
La radiofrecuencia se aplica desde 1998 tanto en EEUU como en Europa, y se calcula que por ella han pasado ya más de 250.000 pacientes.
Respecto a la posibilidad de no tratar las varices, lo primero que hay que saber, es que ello producirá nuevas varices, ya que la sangre necesita conductos por donde circular, y luego hay 3 posibles problemas de mayor o menor gravedad:
La varicotrombosis o formación de un coágulo dentro de la vena con el riesgo que ello comporta, luego está la úlcera venosa en estadios más avanzados, y por último la varicorragia, que es cuando cualquier golpe puede desencadenar una hemorragia externa.
El tamaño de las varices determina generalmente la sintomatología y la gravedad de las varices, por tanto a mayor volumen y relieve, más necesidad de ser tratada.
Hoy en día hay suficientes técnicas para que cualquier variz pueda ser tratada, mediante técnicas más sencillas o complejas, pero todas tienen capacidad de ser reparadas.

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