-¿Qué se entiende por riesgo cardiometabólico?
En sentido literal, es la probabilidad que tiene una persona de desarrollar complicaciones cardiovasculares ("cardio") y diabetes ("metabólico") como
consecuencia de la asociación de una serie de factores de riesgo. Entre esos factores se encuentran algunos de los "clásicos" y bien conocidos, como la hipertensión arterial y la dislipemia, y otros, cuyo conocimiento es más reciente, como es la obesidad abdominal y la discreta elevación del azúcar en sangre, lo que también se conoce como glicemia basal alterada. El conjunto de todas esas circunstancias predispone al individuo a ser diabético y sufrir complicaciones cardiovasculares en el futuro.
-¿Són fáciles de reconocer esos factores que pueden inducir a riesgos
cardiometabólicos?
La medida de la presión arterial o conocer los niveles de lípidos en la sangre no requieren de una alta tecnología. Por otra parte, reconocer a una persona como obesa se puede hacer casi a primera vista, nada más entrar en la consulta. ¿Qué hay que hacer para evaluar la presencia de obesidad abdominal? Algo tan sencillo como utilizar una cinta métrica. Cuando el perímetro de la cintura de una mujer o de un hombre es superior a 88 cm y 102 cm, respectivamente, se considera que tienen obesidad abdominal. El incremento del perímetro de la cintura indica, sin necesidad de realizar una exploración analítica complicada, que hay un trastorno metabólico, por ejemplo un aumento de la glucemia, de los niveles de triglicéridos y una disminución del colesterol protector, el famoso colesterol-HDL.
-Entonces, ¿la medicina ha dejado el índice de masa corporal aparcado?
Yo creo que sigue siendo un término útil. Quien tiene un índice de masa corporal superior a 30 es obeso, situación que por sí misma aumenta el riesgo cardiometabólico; pero también es un factor de riesgo de la artrosis de rodilla y cadera.
-¿Se ha entendido que la obesidad es una enfermedad?
Creo que todavía no; pero los índices de obesidad infantil en España cada vez son más preocupantes, probablemente por una "contaminación" de determinados hábitos alimenticios heredados de otros países, como los
Estados Unidos. Además, ya estamos diagnosticando diabetes tipo 2 en población infantil, y la mejor prevención de la diabetes es evitar la obesidad.
-Cuando se habla de perímetro abdominal, aparece en escena la mal
llamada "curva de la felicidad"...
Yo no creo que, en el siglo XXI, la felicidad deba asociarse a un perímetro abdominal determinado. Por otra parte, la persona con un poco de barriga no
debe pensar que sobre él pende una espada de Damocles cardiovascular. Pero
sí debe tener en cuenta que detrás de ese aumento de cintura pueden encontrarse alteraciones de la glucosa, incremento de triglicéridos y presión arterial elevada. Son disfunciones que se detectan con una simple medida de la presión arterial o unos análisis básicos de sangre. Además, si se practica ejercicio físico y se sigue una dieta equilibrada se pueden corregir todos los factores de riesgo mencionados, incluido el aumento del perímetro abdominal.
-Hay quien sueña con tomarse una pastilla para reducir esos factores de
riesgo (de hecho ya hay fármacos de esa índole en fase de investigación)
y seguir zampándose paellas...
Los fármacos antihipertensivos, los que reducen los niveles de colesterol y
los antidiabéticos orales han demostrado grandes beneficios en la prevención
cardiovascular, pero no deben sustituir a determinados cambios en los estilos de vida como la dieta, el ejercicio físico o dejar el tabaco.
-En materia de prevención, aparte de dejar de fumar se puede recomendar
ejercicio físico y dieta. Pero, ¿existe alguna manera de ilusionar al
paciente para que colabore en la reducción de los citados riesgos?
Esta pregunta no es fácil de contestar ya que los médicos no siempre somos
capaces de entusiasmar a nuestros pacientes, y menos cuando recomendamos
modificar determinados hábitos muy arraigados. Sabemos que la práctica de
ejercicio físico es muy útil; pero el gran desafío es cómo transmitir ese mensaje a nuestros pacientes. Por otra parte, la medicalización de los factores de riesgo no siempre es bien aceptada. La prueba es que, en el campo de la hipertensión arterial, más de la tercera parte de los pacientes no cumple con el tratamiento. Yo creo que la prevención primaria debe comenzar en la escuela. Que un joven practique deporte, no necesariamente competitivo, y siga una dieta equilibrada es una forma de llevar una vida ordenada que, sin duda, tendrá repercusiones
positivas. En este sentido, los pediatras y enfermeras de los centros de atención primaria están haciendo una labor muy importante en las escuelas.

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