
La doctora Marta Castells, farmacéutica y experta en nutrición, alerta del riesgo que implica cocinar poco la comida, especialmente en
verano. Según afirma, todos los
alimentos poco hechos conservan una carga microbiológica que puede llegar a ser tóxica y, por tanto, causar una
gastroenteritis con diarrea.
La explicación es sencilla: cuando se cocina bien, el microbio muere, cosa que no sucede cuando el alimento se sirve
crudo o prácticamente crudo.
Es más, Castells advierte que también hay que tomar precauciones cuando la ración ya se ha cocinado y se deja en reposo a temperatura ambiente, sin proteger o meter en la
nevera: dado que el alimento puede haberse contaminado con los
gérmenes que puedan estar rondando a su alrededor, es aconsejable calentarlo como si se cocinara de nuevo hasta alcanzar los
70 grados de temperatura, y después servir.
Se debe tener mucho cuidado con las
tapas expuestas sin cristal protector en los bares y restaurantes, afirma, por ser un "caldo de cultivo para microbios". A menos que se calienten bien antes de ser servidas, habría que evitar su consumo en esas condiciones.
Por otra parte, la farmacéutica recuerda que no se puede volver a
congelar un alimento previamente descongelado, salvo que ese alimento se haya cocinado tras salir del congelador.
La inmensa mayoría de
diarreas se resuelven por sí solas y no requieren ingreso hospitalario. En un margen de tiempo que oscila entre los dos y los tres días hay que procurar
no deshidratarse y, paralelamente, se tiene que llevar a cabo una
dieta astringente.