Ejemplo vivo de ello es el propio Doctor José Luis Pérez, actual presidente de la Asociación de Ictus de Aragón, y que siendo médico y fumador sufrió un ictus de camino a su trabajo, el hospital, y gracias a la atención prematura puede hoy saber de primera mano muchos de los efectos que el ictus produce y sus daños colaterales.
Este doctor, sufrió un desvanecimiento y sus hijos lo llevaron rápido al hospital, y en la unidad de urgencias le hicieron escáneres ya que no existían las actuales unidades de ictus. Enseguida supo que era un ictus ya que se le quedó paralizada una parte del cuerpo, y gracias al equipo médico que lo atendió, en dos o tres minutos pudo estabilizarse.
El hecho de que no haya tenido secuelas pasa por cumplir el tratamiento y ponerse en manos de los especialistas en rehabilitación, ya que el mismo había sido el director de rehabilitación de este centro hospitalario. Por tanto, ejercitó los músculos, el habla y las articulaciones para evitar secuelas, recuperando toda la movilidad del lado izquierdo y la capacidad del lenguaje.
Esta situación ha facilitado que el Doctor Pérez desde la presidencia de la Asociación de Ictus de Aragón, haya facilitado nuevas normas de atención a los familiares, ya que el que más padece es el familiar del que sufre el ictus, ya sea por temas económicos, laborales u otros, y con ello reforzar el apoyo psicológico. Estro redunda en la calidad de vida de pacientes y familiares y la labor de los trabajadores sociales, los psicólogos, los logopedas y los terapeutas ocupacionales es básica para conseguir un equilibrio entre pacientes, servicios médicos y familiares.
Luego se han iniciado numerosas campañas de difusión del ictus a través de diversos medios, y el hecho de que la población disponga de esta información ayuda a sobrellevar mejor las posibles situaciones de riesgo ante la sospecha de un ictus.

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