Actualmente una de las enfermedades que mayor incidencia tiene en las mujeres es el cáncer de cuello de útero. Para prevenirlo y detectar su presencia lo antes posible se están llevando a cabo unas estrategias que pasan por la criba y la vacunación contra el virus que lo provoca.
La doctora Mercè Peris, Jefe del Servicio de Prevención y Control del Cáncer y Directora de Programas de Prevención y Comunitarios del Instituto Catalán de Oncología, explica qué sectores de la población femenina son los que deben someterse a la criba mencionada.
El conocido como Test de Papanicolau es una de las pruebas diagnósticas base para detectar anomalías en el cuello uterino. Se ha demostrado que en los países donde se ha aplicado de forma sistemática se ha reducido la mortalidad a causa de este tipo de cáncer. La mayor ventaja de esta prueba es que no sólo detecta el cáncer sino que también revela la existencia de células pre cancerígenas, es decir, que avisa de las lesiones uterinas antes de que se conviertan en un cáncer. Éste es un hecho muy positivo dada la naturaleza evolutiva de esta enfermedad. Su proceso de desarrollo es muy lento así que con la realización de citologías cada 3 años es posible detectar la enfermedad sin que suponga aún un peligro para la vida de la persona. En los últimos años se ha observado que el virus del papiloma humano tiene una gran persistencia. Es capaz de habitar en nuestro organismo durante largos periodos sin causar ninguna molestia perceptible. Al existir esta infección durante tanto tiempo, el riesgo de desarrollar un cáncer de cuello de útero aumenta en gran manera. Debido a la persistencia del virus comentada, el test de Papanicolau se recomienda básicamente a 3 grupos de población: a mujeres de más de 45 años que no se efectúan las citologías estipuladas cada 3 años, a personas que en la citología hayan presentado alguna alteración que pueda ser debida al contagio del VPH, y por último, a mujeres que estén bajo control médico tras haberse sometido a algún tratamiento para eliminar dicha infección. Es destacable el hecho de que el 80% de las mujeres que mantienen relaciones sexuales ha estado o está contagiada por el VPH. Sin embargo, 9 de cada 10 casos presenta una curación natural, el virus desaparece por sí solo sin haber notado siquiera su presencia. Estos datos avalan el protocolo establecido basado, en parte, en la fuerte persistencia del virus. Con esta prueba se minimiza el riesgo de cáncer en un sector de población susceptible de padecerlo. Este plan de criba que comentamos se aplica en Catalunya por parte del Departament de Salut de la Generalitat. Sus buenos resultados y el consenso logrado tanto por parte de epidemiólogos como de ginecólogos y comadronas, hacen que este protocolo sea probablemente extendido al resto de comunidades autónomas del país. En cuanto a otras medidas de prevención del cáncer de cuello de útero, las citologías periódicas son un arma básica en esta lucha. Según se estima por parte de los profesionales médicos, basta con realizar uno de estos controles cada 3 años. Las citologías deben comenzar a efectuarse cuando la mujer se inicia en el sexo, y durante el primer año se realizarán dos citologías. Si los resultados no muestran anomalías, ya se pasaría al protocolo establecido en cuanto a periodicidad. En el caso de las mujeres que alcanzan los 65 años, si las últimas citologías muestran normalidad ya no es necesario volverlas a repetir más.
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