Ciertos factores aumentan el riesgo de contraer un cáncer de ovario, principalmente las alteraciones genéticas, ya que el factor hereditario está muy presente, pero de la misma forma hay factores que disminuyen este riesgo como son tener hijos y el uso de anticonceptivos hormonales durante períodos largos, que se cree disminuye en un 50% la posibilidad de padecer este cáncer.
El problema de esta enfermedad es que no da síntomas y por tanto no existe el diagnóstico precoz, ya que pese a probarse infinidad de métodos de cribado, ninguna ha dado los resultados esperados. Igualmente la revisión ginecológica, pese a ser importante para descartar otras patologías como el cáncer de cuello de útero, o las que afectan a la estructura mamaria, no revelan nada que haga prever la afectación por un cáncer de ovario.
El cáncer de ovario, desgraciadamente se diagnostica generalmente cuando ya tiene una manifestación avanzada, ya que no da síntomas, y por tanto pese a no ser el cáncer que más afecta a las mujeres, sí es el más mortífero.
Este tipo de cáncer se extiende rápidamente a los órganos vecinos, afectando al peritoneo, al intestino, al útero, etc.
Pese a ello, hay cierto optimismo y esperanza, ya que mediante la quimioterapia y los medicamentos de última generación, se ha conseguido que la mortalidad se haya ido reduciendo respecto a 5 ó 10 años atrás. Estos nuevos fármacos administrados como quimioterapia se complementan con lo que se llama una cirugía reparadora y han conseguido avances importantes que hacen que los especialistas piensen que en pocos años los afectados por este cáncer tengan grandes posibilidades de superarlo.
Por último destacar que se está trabajando en una vacuna para prevenir este cáncer, al igual que ya existen vacunas para prevenir otros, y que en poco tiempo hará que este tipo de cáncer apenas tenga incidencia en la mortalidad femenina.

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