
El colmo del que se acuesta tarde en Nochevieja es hacerlo junto a una persona que ronque y que no le deje dormir. De esas roncopatías hay varios perfiles con sus pertinentes soluciones. Para el que ronca moderadamente sin apneas se recurre a un tratamiento mínimamente invasivo consistente en la
reducción volumétrica de los cornetes de la nariz, afirma el doctor Carles Magriñá, otorrinolaringólogo.
Los cornetes, sobre todo los inferiores, son las estructuras encargadas de preparar, purificar y filtrar el aire para que entre en los pulmones en las mejores condiciones posibles. Si las características genéticas del individuo son inadecuadas, se puede desarrollar una
hipertrofia de los cornetes, y de aquí se llega a la obstrucción nasal preludio de la roncopatía.
Las personas que roncan muy fuerte y con apneas o paradas respiratorias sufren esa dificultad nasal además de una oclusión faríngea en la que el velo del paladar, al vibrar constantemente por la noche, tapona la entrada y salida del aire. Así pues, hay que enderezar el paso nasal y el de la zona del paladar, cosa que se hará en este último caso con diferentes sistemas (
láser, radiofrecuencia, inyección esclerosante) en función de la anatomía del paciente y de si le han quitado previamente o no las amígdalas, del tamaño de éstas, de si el paladar está caído o no, etc.
Para aquellos que ronquen por desviación del tabique nasal producida, por ejemplo, por un golpe, procede la
corrección estructural por vía endonasal a través del propio orificio de la nariz, mientras que los que ronquen por exceso de peso deberán seguir una pauta dietética para perder esos kilos de más.