Martes, 30 de Noviembre de 1999
Fuente: entrevista con el doctor Pere Salvà Plana, otorrinolaringólogo.

Más del 80% de los niños menores de 3 años ha sufrido una otitis, algo que constituye un motivo de consulta muy habitual en pediatría. Tal y como explica el doctor Pere Salvà Plana, otorrinolaringólogo, en esa edad los niños están en pleno periodo de madurez de las defensas, y por eso, es tan sencillo que contraigan estas infecciones de forma tan fácil.
Los niños de esas edades son tan propensos a infecciones del oído porque el tejido linfático y los carnots están más crecidos, y eso hace que la presencia de mocos sea habitual. También debemos tener en cuenta la inmadurez de la trompa de Eustaquio, que es el conducto que va de la nariz hasta el oído, por lo que el tránsito de mucosidad entre los dos puntos es más importante que en caso de un adulto. Además, los niños son más sensibles a los cambios de temperatura y de tiempo y eso propicia que generen más mucosidad.
Inmadurez del sistema de defensas
Una vez el niño deja la lactancia materna entra en una fase de inmadurez de las defensas. Con los años esto se va corrigiendo, pero hasta que eso ocurre es muy fácil que contraiga bacterias y virus del ambiente. Este hecho se acusa aún más cuando empiezan a ir a la guardería, lugar donde conviven con más compañeros constipados. La inmadurez de su sistema inmune no solo favorecerá que contraigan todos los virus de sus compañeros sino que además ayudará a que esas infecciones recidiven.
¿Cómo aliviar la otitis?
Para aliviar un fuerte dolor de otitis lo que hay que hacer es darle al niño un analgésico o un antiinflamatorio por vía oral. La aplicación de calor en la zona también calmará las molestias. Lo que nunca se debe hacer es aplicar gotas en el oído sin haber consultado antes con un especialista.
Betaglucanos
Los betaglucanos son un producto natural, no un fármaco, que lo que hace es aumentar nuestro sistema defensivo e inmunológico. Hablamos de productos complementarios que estimulan nuestras defensas y que ejercen una muy buena labor preventiva. En el caso de los niños, los betaglucanos ayudan a que sean más fuertes contra las infecciones de las que tratamos.