
El doctor Ramón Vila-Rovira, cirujano plástico y estético y director del Instituto que lleva su nombre ubicado en el Centro Médico Teknon de Barcelona, dice que hoy en día, gracias a los grandes adelantos en
trasplantes de cabello, "quien es calvo es porque quiere". Sólo hay
dos excepciones: los que quieren ser calvos a remolque de la moda, y los casos difíciles por no disponer de zona donante.
Los 2.000 o 3.000
injertos que se realizan en estas intervenciones capilares quedan "fenomenal, no se notan", afirma el cirujano plástico.
En el terreno del
trasplante capilar, en la actualidad todavía se recurre al autotrasplante, pero el doctor Vila-Rovira puntualiza que se está investigando con células madres con el fin de hacer crecer grandes cantidades de cabello en el laboratorio.
Los avances en el terreno de la cirugía estética se han producido en todas sus vertientes. No obstante, el tratamiento de las
cicatrices sigue siendo uno de los aspectos que menos ha prosperado.
El doctor, que relativiza que España sea el país europeo que más operaciones de cirugía estética realiza, afirma que este tipo de intervenciones son una inversión en salud, ya que se
aumenta la autoestima. Si bien cada vez hay más hombres que pasan por el quirófano, el número de mujeres también se incrementa. En el caso del colectivo femenino esta tendencia se explica en base a factores socioculturales, como lo demuestra el instinto de las niñas a embellecerse.
El
perfil del candidato a la
cirugía estética se divide en tres grupos: un 33 por ciento son personas sanas que quieren mejorar su imagen; un 40 por ciento pasan por un mal momento por una ruptura de pareja o pérdida de un trabajo y con su nueva imagen pretenden romper con el pasado; y un 20 por ciento son personas que sufren obsesiones y que, para el doctor Vila-Rovira, no tendrían que operarse porque a menudo confunden demasiado fantasía y realidad. De igual modo, este cirujano afirma que "hay cirugía estética antiestética", en alusión a algunos implantes para conseguir labios gruesos que él ha calificado de labios "tipo pato". Por ello, sentencia que los cirujanos plásticos deberían "decir más veces que no" a ciertas peticiones, si bien admite que cada vez hay más gente que pide naturalidad en los arreglos.
Teniendo en cuenta que la competencia abarata el mercado, el doctor Vila-Rovira sostiene que hoy en día cualquier persona que disponga de un
sueldo fijo o que tenga acceso a un
crédito personal es capaz de pagarse una operación de esta índole. Arreglarse unos pechos, explica, puede costar entre 4.000 y 5.000 euros.