Las botas de esquí son complejas y cuando las llevamos puestas nuestro pie no cumplen sus funciones habituales ni morfológica ni técnicamente. Josep María Carnero, podólogo y experto en podología deportiva, explica cómo se debe escoger y cuidar el material de esquí para que nuestros pies no sufran lesiones.
La bota de esquí
Dentro de la bota de esquí el pie está enclaustrado y transmite unas presiones y unas reacciones de la extremidad completa que le son totalmente anómalas. El pie debe de estar en perfectas condiciones dentro de la bota para evitar alteraciones que pueden provocar accidentes o convertirse en lesiones. De hecho, la bota y la fijación son dos elementos a los que hay que prestar especial atención porque son los que pueden prevenir lesiones.
Cuestiones a tener en cuenta a la hora de esquiar
Como en cualquier deporte, calentar antes de realizar el ejercicio es básico. Las personas que usan plantillas al caminar también deben utilizarlas con las botas de esquí, sobre todo en según qué deformidades de los pies ya que su ausencia podría generar sobrecargas que empeorarían la alteración podológica de base. Tampoco debemos olvidar la importancia de vestir los calcetines adecuados para esquiar, de un grosor determinado y de utilizar las protecciones adecuadas en los tobillos.
Comprar y guardar las botas de esquí
Cuando vayamos a comprar unas botas de esquí debemos dejárnoslas puestas unos 20 minutos para que el pie vaya cómodo. Esto es así porque con el paso del rato y el aumento de la temperatura dentro de la bota hacen que los materiales que conforman el botín se adapten a la morfología del pie. Otro de los consejos que debemos seguir es reabrocharnos las botas cada cierto tiempo porque con el movimiento y los cambios de volumen del pie se desajustan. Por último, siempre debemos guardar las botas en la habitación, nunca dejarlas en el maletero del coche. Esquiar con unas botas que han estado a bajas temperaturas toda la noche puede producir lesiones al día siguiente.
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