El tabaquismo pasivo significa estar expuesto a un ambiente con humo de tabaco en espacios cerrados; el tabaco es neumotóxico y cancerígeno. Las personas expuestas a lo largo del tiempo a esa sustancia tóxica tienen más riesgo de padecer enfermedades respiratorias, cardiovasculares y de cáncer de pulmón.
Los fumadores pasivos pueden desarrollar enfermedades propias de un fumador; existen evidencias científicas desde los años 80 que demostraron que los convivientes no fumadores con personas que fuman, tenían un 30 % más de riesgo de padecer cáncer de pulmón, entre otras patologías.
Los niños son todavía más sensibles a los trastornos del humo del tabaco, de forma que los niños que viven en hogares donde se fuma tienen el doble de infecciones respiratorias de vías altas (otitis y faringitis) y entre 3 o 4 veces más incidencias de enfermedades de vías respiratorias bajas (bronquitis y neumonía).
Se ha comprobado que los hijos de las personas que fuman sólo en una parte de la casa tienen los mismos problemas que los que fuman delante de ellos. El humo del tabaco, como cualquier gas, se difunde por toda la casa.
Desde la entrada en vigor de la ley del tabaco ha habido una mejoría en el lugar de trabajo, en transportes o comercios, incluso en los domicilios privados se detecta una disminución de la exposición pasiva. Sin embargo, en los lugares de ocio, se sigue estando expuesto al humo del tabaco.
Para dejar de fumar hay que tomar una decisión firme de querer dejarlo, buscar una fecha y elementos de ayuda como el apoyo de su familia, el consejo y refuerzo de su médico y buscar tratamientos farmacológicos como la terapia de nicotina (chicles, parches) u otros tratamientos de prescripción médica.
La terapia de nicotina es la más accesible para cualquier fumador que quiera intentar seriamente dejar de fumar porque no requiere, imprescindiblemente, una receta médica. Está demostrado que el soporte familiar y psicológico de apoyo, si usa además una terapia de nicotina, tiene el doble de probabilidades de dejar de fumar.
Hay un límite de chicles, unos 10- 15 al día y de deben usar cuando venga el deseo fuerte de fumar, sustituyendo el cigarrillo por un chicle. Hay que masticarlos lentamente y se toleran bien si se manejan con cuidado.

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