Todas las personas pueden verse afectadas por los cambios de temperaturas, pero hay grupos que pueden verse afectados en mayor medida al aumento del calor y a las altas temperaturas y en los que se deben extremar las precauciones. Estos grupos son los niños, la gente mayor de 65 años y las personas con obesidad. Estas últimas, se reconocen muy calurosas y sudan más, así que deben tener especial cuidado e hidratarse correctamente.
Hay personas con enfermedades crónicas que precisan tratamiento con varios fármacos para su control; hipertensión, enfermedades del corazón o enfermedades del riñón. Algunos de estos medicamentos, como los diuréticos, aumentan la cantidad de orina y otro tipo de medicamentos pueden, en ocasiones, facilitar que estas personas tengan mayor riesgo de deshidratación.
Cuando aparecen síntomas generales que han sido producidos por un golpe de calor, hay que empezar con medidas sencillas como estar en sitios frescos y estar hidratados bebiendo adecuadamente.
Los antiinflamatorios no esteroideos son medicamentos en los que en una situación en la que puede haber deshidratación pueden perjudicar al riñón, por eso es un medicamento que en personas sensibles debe emplearse con precaución. Ante un dolor leve o fiebre, lo preferible aparte de descansar e hidratarse, es tomar paracetamol a dosis adecuadas.
Con el aumento de temperaturas el organismo pone en marcha su sistema de defensa sudando en un intento de refrigerarse y eliminar el calor mediante la expulsión de agua y minerales. Para que este mecanismo funcione, hay que reponer lo que se pierde bebiendo agua, zumos y todas aquellas bebidas que mantengan hidratado al organismo.
Hay que llevar ropa ligera que sea transpirable, cubrir la cabeza y llevar un calzado cómodo. Hay que dejar cualquier actividad física para las primeras horas de la mañana o las últimas de la noche.

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