
Según cuenta la doctora Anna Cisteró, responsable del servicio de alergias de USP Instituto Universitari Dexeus de Barcelona, los
gatos producen más alergia a los seres humanos que los perros. La causa de la intolerancia se encuentra en la
caspa del animal, que a su vez queda fijada en el pelo.
La capacidad que tiene una mascota para causar
alergia se debe a varios factores, como por ejemplo su
estado sexual o el hecho de que no haya recibido los cuidados necesarios. Dado que los
alérgenos quedan suspendidos en el aire y pueden acabar depositándose en varios lugares, se han registrado casos en los que los pacientes han presentado reacciones al visitar una casa pese a que ya hacía 6 meses que el gato no vivía entre aquellas paredes.
Los
síntomas más corrientes de alergia a las mascotas son
rinitis (estornudos, picor en la nariz) e hinchazón en los ojos. También hay manifestaciones de tos, asma, e incluso urticaria.
Resulta
muy difícil saber si una persona es alérgica a un perro o gato antes de adquirir la mascota. Lo más probable es que se descubra en plena
convivencia con el animal. De hecho, hay veces en que la reacción de intolerancia se declara enseguida, pero en otras ocasiones
puede transcurrir mucho tiempo. Cisteró explica un caso típico: una persona, tras convivir sin problema alguno con un gato durante años, se emancipa y se marcha de casa de sus padres; pero al volver a ese domicilio,
de repente reacciona por pura alergia a la mascota.
Quien no quiera deshacerse de su mascota alergénica, puede probar una
vacuna.