La mayoría de casos que llegan a consulta, en principio ya sospechan que hay algún problema de memoria e indirectamente ya se temen la posibilidad de padecer esta enfermedad, ya que si acuden al médico es por notar en los últimos tiempos ciertos fallos de memoria, de orientación o de lenguaje, y que no pueden ser simplemente los propios de la vejez. Los familiares que acompañan al paciente son parte implícita del problema, ya que es vital para su detección, para su seguimiento y para hacer de mediador entre médico y paciente.
Este familiar o familiares, psicológicamente tienen que ser muy fuertes, ya que es una enfermedad de largo recorrido, que evoluciona a peor, y que en el fondo son los pilares para que el enfermo no se sienta desprotegido o abandonado, aún con la dificultad añadida de que en un momento de la enfermedad, quizás este familiar ya no lo reconoce el propio enfermo, ya no sabe si es su padre, su hermano o quién sea, y eso hace que haya un plus de ingratitud enorme en esta enfermedad.
Los procesos degenerativos de Alzheimer, en algunos casos evolucionan muy rápidamente y en otros casos esa evolución es lenta, pero no hay una regla para determinar si una persona tendrá un tipo de evolución u otra. Son mayoría los casos cuya evolución es progresiva y lenta, y mediante la prescripción de medicamentos al efecto en las fases iniciales de la enfermedad, se prolongan las funcionalidades del paciente.
Tener lapsus de memoria, u olvidar algún evento concreto, no significa que haya síntomas de esta enfermedad, ya que son olvidos puntuales propios de todos los seres humanos, y en cambio, las personas que padecen Alzheimer de hecho ha perdido la capacidad del recuerdo o la memoria, y aunque se le de una pista son incapaces de llegar a ese recuerdo.

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