Dos componentes medioambientales relacionados con el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares han recibido bastante atención recientemente. Por un lado, la contaminación atmosférica, de cuya influencia ya nadie duda. Y por otro, la exposición a metales: mercurio, plomo, cadmio y arsénico. Todos ellos, según explica este experto, parece que tienen un papel que hasta ahora no se había reconocido, aunque también existen otras sustancias (como los pesticidas organoclorados) que podrían tener efectos cardiovasculares pero apenas han sido estudiados.
Uno de los metales sobre los que más investigaciones se están llevando a cabo en relación a su consideración como factor de riesgo es el mercurio, cuya principal fuente de exposición es el pescado; un dato a tener en cuenta porque nuestro país es uno de los principales consumidores a nivel mundial de pescado. “Además -añade el doctor Eliseo Guallar- parte de éste procede del Mediterráneo donde se sabe que los niveles de mercurio son más elevados que en otras zonas”.
A la vista de estas afirmaciones, quizá la población se encuentre con la disyuntiva de tomar pescado por lo beneficioso de ingerir ácidos grasos omega 3 o evitarlo por la posibilidad de sufrir trastornos cardiovasculares asociados al mercurio. La recomendación es clara: dadas las propiedades positivas del pescado, es aconsejable tomar al menos un par de raciones a la semana pero, eso sí, variando entre diferentes especies y, sobre todo, evitando el pescado con mayor contenido en mercurio, como el pez espada o emperador y algunos tipos de atunes. Hay una regla que puede ser válida para dar una pista sobre el mejor o el peor pescado: cuanto más grande es, mayores concentraciones de mercurio puede tener.
La explicación es que el mercurio se metila en bacterias y algas que los peces van comiendo, acumulando metilmercurio, que no pueden eliminar y que se almacena a lo largo de la vida del pez. Cuando se trata de animales predadores que se comen a otros peces, la cantidad de este metal que contienen es mayor.
El metilmercurio que se ingiere a través del pescado es un neurotóxico, que afecta al desarrollo del sistema nervioso, de ahí que se recomiende especial cuidado en mujeres embarazadas y niños. En cuanto a los efectos cardiovasculares, aún nos encontramos ante un debate abierto, “pero hay indicaciones -continúa- de que va a tener una importante influencia. Y, por otro lado, no tenemos forma de contrarrestarlo, no hay antídoto. Lo recomendable es disminuir la exposición a este metal”.

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