
En los tres o cuatro primeros días de vida los recién nacidos pasan por lo que se denomina
"pérdida fisiológica de peso", un proceso normal en que el bebé ve reducido entre un 3 y 4 por ciento su peso, señala el profesor Alfonso Delgado, presidente de la Asociación Española de Pediatría. La pérdida, pues, debe ser leve, ya que
si fuera acusada se podría estar ante un cuadro de deshidratación y eso obligaría a someter al niño a atenciones médicas.
Los gramos que los bebés se dejan por el camino en los primeros días de vida
se recuperan enseguida, de tal manera que al cabo de unas semanas se gana una media de 25 gramos diarios, traduciéndose en 180-200 gramos a la semana, mientras que a los tres meses la balanza ya marca unos 5,5 o 6 kilos.
Por norma general, cuando un niño/a nace a término (a los 280 días de gestación) suele pesar unos 3 o 3,5 kilos, su longitud gira en torno a los 49-51 centímetros y su perímetro craneal mide aproximadamente 34 centímetros. Tras el alumbramiento,
el bebé es subcortical, es decir, su corteza cerebral no está suficientemente desarrollada y eso da lugar a la aparición de los llamados
reflejos primarios o arcaicos, cuya manifestación da fe de si el pequeño tiene una buena reactividad neurológica. A lo largo del primer año de vida el sistema nervioso del bebé va madurando y esos reflejos arcaicos son reemplazados progresivamente por otros que le otorgan mayor autonomía psicomotora y le permiten sonreír en conexión con el ambiente, mantenerse erguido, etc. El profesor Delgado opina que
gatear es fundamental para el bebé, ya que le permite entrar en contacto con el mundo externo y practicar un ejercicio físico importante para su crecimiento y desarrollo.
En cuanto a la
altura que un niño/a tendrá en el futuro, se puede hacer un cálculo aproximado en base a la talla de los padres. En cualquier caso, cuando el niño ya es más mayor existe una radiografía que mide la edad ósea, cuyos resultados, comparados con la edad cronológica del sujeto, dan una predicción bastante exacta de lo que medirá cuando acabe su fase de crecimiento. Los españoles han ganado durante el siglo pasado una media de 10-12 centímetros gracias a las notables mejoras obtenidas en términos de calidad de vida.