Las dietas bajas en hidratos de carbono y las bajas en grasas son eficaces para perder peso, pero el precio a pagar de las primeras es un aumento en los niveles totales de colesterol y específicamenente del LDL, según revela un metaanálisis de cinco ensayos clínicos que se publica en el último número de ARCHIVOS DE MEDICINA INTERNA.
La tendencia al sobrepeso de nuestra sociedad se ha traducido en un número cada vez mayor de personas que siguen regímenes de adelgazamiento. Las dietas que combinan una restricción de carbohidratos y un mayor contenido proteico son las que más éxito tienen, y se han convertido en una popular alternativa a las clásicas hipocalóricas y bajas en grasas, recomendadas por los endocrinos.
El problema que plantean estas dietas que se basan en evitar los hidratos de carbono es que suelen contener una cantidad excesiva de proteínas y grasas, lo que incide en el sistema cardiovascular y, más concretamente, en los niveles de colesterol.

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