Antes, el cáncer de mama se entendía como una única enfermedad y el sistema de estadificación era en función del número de ganglios y su tamaño. Ahora se sabe que existen varias entidades, con un diferente comportamiento clínico y se puede seleccionar el tratamiento más adecuado para cada paciente, atendiendo más al perfil biológico que a los parámetros clásicos.
En los últimos 10-15 años se ha producido una reducción de la mortalidad del cáncer de mama; esto es debido a un diagnóstico precoz. La tasa de tumores pequeños que se diagnostican es cada vez mayor. Todo ello es gracias a las mamografías y a las campañas de cribado en la población.
Las altas cifras de detección precoz se deben a que las mujeres se hacen mamografías de cribado cada año y a que las mujeres cuando se notan cualquier síntomas relacionado con las mamas acuden a los especialistas para consultar.
La auto-exploración en pacientes que han tenido cáncer de mama es muy recomendable; en la población en general, puede ser muy útil. Una vez al año se debe hacer una visita al ginecólogo para la revisión.
El diagnóstico del carcinoma de mama se realiza por una toma de muestra del propio tumor, una biopsia. Con esta biopsia, se puede obtener casi toda la información. El siguiente paso es planificar una estrategia de tratamiento, dependiendo del tamaño del tumor, del tipo de cirugía que se quiera abordar, si tiene afectación de la axila...
Una vez extirpado el tumor se puede obtener más información para hacer análisis más completos y sofisticados como las plataformas genéticas que predicen sobre el comportamiento del tumor. Se emplean en tumores de bajo riego de recaída.

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