
Para el doctor y otorrinolaringólogo, Carlos Magriñá, roncar de manera crónica es algo que debe ser tratado como una enfermedad, ya que sus consecuencias pueden llegar a ser "muy letales", equiparables a dolencias endocrinológicas, diabetes o nefropatía diabética. Magriñá asegura que la roncopatía crónica lleva aparejada
hipertensión, disminución de la concentración, riesgo de accidentes laborales, problemas cardiovasculares como infartos y trastornos de la personalidad que incluyen la depresión.
Hay pacientes de roncopatía crónica que recurren a las mascarillas, las llamadas
CPAP. A este respecto, el doctor Magriñá opina que estos dispositivos dan cierto bienestar al enfermo, sobre todo al principio, pero que con el paso del tiempo, si se presenta mucha
obstrucción, es un tratamiento molesto porque se tiene que aumentar la presión y hay que llevar la mascarilla como si fuera "un cinturón de pantalón muy apretado". Los pacientes muy jóvenes también prefieren desprenderse de las CPAP. En general, si la afección por ronquidos es moderada, la mascarilla puede ser una solución.
De todos modos, el otorrinolaringólogo apuesta por otras alternativas. Si el diagnóstico es precoz y por tanto la roncopatía se encuentra en fases iniciales, en el 85-90 por ciento de los casos el tratamiento es ambulatorio. Los sistemas para acabar con los ronquidos pasan por el
láser, radiofrecuencia y sus distintas variables, administración de sustancias para tensar el velo del paladar, etc.
Magriñá no duda que en breve aparecerá un
chip que, inoculado en la zona de las vías respiratorias, autoregulará y tensará la musculatura sin despertar al paciente. Este dispositivo en forma de chip ya está en fase de ensayo.