Evidentemente el tipo de vida que se lleva, sin apenas práctica de ejercicio, mala nutrición y el sedentarismo, son las principales causas para llegar al sobrepeso y a la obesidad.
El grado de obesidad se mide en función del número de grasa que tenemos en nuestro organismo, si bien la propia lógica debería ser la del espejo, la báscula y el apriete del cinturón. Luego hay pruebas como el Índice de Masa Corporal (IMC), que va a dividir el número de gramos que pesa, dos veces entre su altura al cuadrado, y si da entre 18,5 y 25 en hombres es correcto, y a partir de 25 hay que ir con cuidado y tomar precauciones, y en las mujeres, mejor que ese índice se controle si se pasa de los 23,5.
Los problemas sanitarios que conlleva la obesidad, al margen de la estética, sobretodo si está localizada a nivel abdominal, tienen relación con problemas o enfermedades tales como la hipertensión, el colesterol, la diabetes, la artrosis, las varices, las enfermedades cardiovasculares, la arteriosclerosis, e incluso hay algún cáncer vinculado a la obesidad.
La lucha contra la obesidad debe ser constante, no dependiente de la estación del año, y debe hacerse un tratamiento en dos fases, una primera supervisada por un médico que implica la prescripción de ciertos medicamentos para frenar y reparar esa obesidad, y una segunda fase en que debe hacerse un control y educación nutricional para llevarnos a una dieta equilibrada complementada con la práctica de algún ejercicio.
La dieta proteinada surge de unos estudios hechos en EEUU, que se basa en reducir la parte energética de nuestra alimentación, es decir hidratos de carbono y grasas, pero no se puede hacer perdiendo masa muscular para evitar problemas al corazón, vísceras u otros órganos, y entonces se suministran dosis de proteínas para evitar esa pérdida muscular. De esta manera se suplementa la dieta con minerales y otros compuestos para equilibrar la dieta, y hace que tras un período de tiempo se mantenga esa rigidez en las comidas, y que se eduque al organismo y a la persona para evitar las recaídas.
Las dietas a largo plazo son difíciles de cumplir por el paciente, y se debe mirar de acortar estos espacios de tiempo, pero con ayuda del nutricionista, y mediante una terapia de ayuda emocional para resaltar el bienestar del paciente, su mejora de imagen y de salud, se consigue que el paciente no abandone el tratamiento y en la mayoría de casos deje atrás la obesidad y se mantenga fiel a un patrón de comidas y de ejercicio. Más información en: Pronokal

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