
Aunque depende de la constitución de cada persona y de la cantidad de comida que ésta ingiera, está comúnmente aceptado que
el promedio de aumento de peso por Navidad es de unos 3 o 5 kilos a causa de la abundancia de calorías inherente a los banquetes. Un poco de ejercicio físico puede ayudar a combatir los efectos no deseados de las comidas navideñas.
Aperitivos, turrones, comidas copiosas, sobremesa, dulces, bebidas alcohólicas... los típicos excesos de la Navidad se traducen indefectiblemente en incrementos de peso que, con todo, puede ser contrarrestados con algo de ejercicio físico. Tampoco es que haga falta ponerse un chándal y practicar un deporte convencional, sino que suele ser suficiente con caminar unos minutos al día -media hora o una hora- cambiando ligeramente las costumbres diarias: por ejemplo,
subir por las escaleras en lugar de hacerlo por el ascensor.
Bailar también es un ejercicio muy divertido y al mismo tiempo tan práctico como sano: en Nochevieja se puede aprovechar para rendir culto a la danza teniendo en cuenta que con una sola hora de esta actividad se queman unas 300 calorías, el equivalente a un trozo de turrón y un polvorón.