
En los últimos años la mortalidad de los pacientes ya ingresados en un hospital a causa de un infarto ha disminuido prácticamente un 50 por ciento, revela el doctor Fernando Arós, jefe del servicio de cardiología del Hospital Txagorritzu en Vitoria, lo que significa que los
casos de muerte en un centro sanitario se sitúan en torno a un 5-10 por ciento del total de infartos letales.
Los infartos de miocardio duran entre 20 minutos y media hora y son la
causa más frecuente de muerte súbita. De los pacientes que fallecen por esta dolencia cardiaca, "bastante más de la mitad" no ha tenido tiempo de llegar a un hospital, asegura el doctor Arós.
Una vez que un paciente es ingresado, se le administra medicación por vía venosa o se le practica un cateterismo. Para aquellas personas con intolerancia a los fármacos betabloqueantes ya existen medicamentos alternativos que
reducen la frecuencia cardiaca, logrando disminuciones de hasta 10 a 12 latidos por minuto. A juicio del doctor Arós, lo ideal es que los pacientes con problemas coronarios estén en torno e incluso por debajo de los 60 latidos por minuto.
Una minoría de infartos son "silentes", no presentan síntomas.