El asma es una enfermedad que evoluciona a brotes, no suele ser una enfermedad que presente síntomas continuos. Un asmático puede pasar unos días muy mal, llegando a ser hospitalizado, y luego puede pasar unos meses bien.
Cuando un niño es asmático y está bien controlado, no debería acudir a urgencias, ya que cuando se está bien controlado no se debe tener ninguna crisis aguda, no tener que ser hospitalizado y no tener casi ninguna sintomatología.
Un individuo nace genéticamente predispuesto a ser asmático y esta predisposición, en un momento de la vida que suelen ser los primeros meses de vida, se pone en contacto con algún factor ambiental que hace que, a partir de aquel momento, el niño desarrolle asma.
Si un niño tienen predisposición genética y vive en un ambiente de fumadores, este niño desarrollará asma, en la mayoría de los casos. Si el mismo niño no vive en un ambiente de fumadores, no desarrollaría asma. El riesgo de que el niño sea asmático es una combinación de predisposición genética y factores ambientales.
Hay enfermedades respiratorias en los niños que se presentan por pequeños defectos en la inmunidad y que provocan bronquitis de repetición, etc. Esos niños no tienen mayor propensión a tener asma.
La bronquiolitis está provocada un virus especial, virus sincicial respiratorio, que es uno de esos factores ambientales que unidos a un factor genético, predisponen que un niño sea asmático.
La mayoría de los asmas no son alérgicos. El tratamiento del asma tiene dos aspectos: el aspecto sintomático, que es lo que se le da al paciente cuando tose y se ahoga, estos medicamentos alivian el ahogo y la tos pero no inciden la evolución de la enfermedad; son los broncodilatadores. El otro grupo de medicamentos son los controladores, que son los que se deben tomar a largo plazo, en algunos pacientes incluso toda la vida. Estos son los corticoides inhalados, que son fáciles de administrar. Para el tratamiento a niños, se acopla una mascarilla al inhalador que facilita el uso al niño.

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