La ivabradina, que apareció el pasado mes de febrero, es un fármaco antianginoso que reduce la aparición de cuadros de angina de pecho porque disminuye la frecuencia cardíaca. La eficacia del medicamento en el tratamiento para la cardopatía isquémica ha sido puesta de manifiesto por el catedrático de farmacología de la Universidad Complutense de Madrid, Juan Tamargo.
Para Tamargo, el nuevo fármaco abre nuevas perspectivas en la lucha contra la cardiopatía isquémica, dolencia crónica que puede causar anginas de pecho. En un ataque de estas características, se sufre dolor en el corazón porque ese órgano no recibe suficientes cantidades ni de oxígeno ni de nutrientes (hidratos de carbono, proteinas, etc). A esa carencia, explica el farmacólogo, se le llama isquemia. Si se consigue reducirla, se reduce el riesgo de padecer una angina de pecho y, en sus casos más extremos, el temido infarto de miocardio.
La ivabradina disminuye la frecuencia cardíaca, algo de suma importancia si se tiene en cuenta que se ha descubierto que entre esa variable y el tiempo de vida hay una estrecha relación. Es decir, un paciente con un ritmo cardíaco alto tiene más posibilidades de padecer problemas cardiovasculares que otro con una frecuencia más baja.
Con todo, señala Tamargo, actualmente el método más efectivo para suprimir un ataque agudo de angina de pecho sigue siendo la pastilla de nitroglicerina, cuyo uso y presencia en los bolsillos de muchos pacientes se remonta a más de 200 años.
En cuanto a los betabloqueantes, el catedrático destaca que su uso está contraindicado para asmáticos. Se desaconseja en el caso de pacientes con diabetes y problemas de varices.

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