Hasta ahora se han tratado a todos los tumores de mama por igual y el tratamiento de elección era la quimioterapia. Pero como la quimioterapia es tóxica, debería administrarse sólo a aquellas personas que se fuesen a beneficiar. En los últimos años han aparecidos unos tests genómicos que pueden ayudar a diferenciar a aquellas personas con cáncer de mama que realmente no necesitan quimioterapia, porque su firma genómica dice que no van a recaer.
La capacidad de recaer depende de la estructura genética que es muy diferente de unos a otros. Este tipo de test clasifican genéticamente los tumores en grupos, de alto o bajo riesgo de recaída.
Hay estudios que demuestran que, cada vez más, las mujeres con cáncer de mama con metástasis tienen probabilidades de sobrevivir más tiempo. En muchos casos, el tumor puede controlarse y cronificarse. El cáncer de mama es uno de los que más se ha avanzado y tiene una tasa de supervivencia del 80%. Esto es debido a dos factores: las campañas de mamografías donde acuden las mujeres y la mejora de los tratamientos después de la cirugía del tumor.

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