Esta técnica debe basarse en que el tumor esté localizado en la próstata, que no se haya extendido a ganglios o a órganos paralelos. El tratamiento del cáncer de próstata con esta técnica apenas tiene incidencias negativas, y si bien no se puede hablar del 100% de éxito sí se está cerca de esta cifra.
Se pueden clasificar las técnicas de braquiterapia en dos grupos, la de alta y la baja tasa de dosis. La de baja tasa se pone una semilla radioactiva dentro de la próstata, que es muy cómodo, ya que el paciente se va al cabo de minutos a su casa. Por otro lado, la de alta tasa de dosis poniendo primero unos catéteres que están vacíos, luego se ha de hacer un scanner, y por tanto es más laborioso, después se hace el tratamiento, se saca el aplicador y después también marcha a casa una vez marcha el efecto de la anestesia.
El tema de la semilla radiactiva se basa en unas pequeñas fuentes radioactivas, más pequeñas que un grano de arroz, colocadas dentro de la próstata y el propio cuerpo hace de blindaje impidiendo que se escape la radiación, y además estas semillas van desapareciendo a lo largo de las semanas sin contaminar, mientras actúan contra el tumor.
Esta técnica ya se aplica en algunos centros desde hace más de 10 años, y son técnicas complementarias con la radioterapia externa, con la ventaja de que apenas se generan efectos secundarios.
Los últimos avances en esta técnica de braquiterapia, se refieren más a la colocación de las fuentes radioactivas, a la precisión para implantar estas fuentes, ya que se evita el arrastre de las semillas, gracias a la dosimetría en tiempo real.
Los pacientes saben que avanzan en el tratamiento mediante los análisis de sangre que se hacen cada cuatro meses, mirando los niveles de PSA, ya que es de los pocos cáncer que se pueden medir con una analítica, y ello conlleva que el 95% de los pacientes acaben venciendo esta enfermedad. Más información en: Fundación Imor

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