
Si bien en los primeros tiempos de aplicación de braquiterapia para tratar tumores prostáticos podían aparecer
irritaciones al orinar y en el recto, hoy en día prácticamente esos efectos ya no se dan, afirma el doctor Benjamí guix, onco-radioterapeuta y director médico de la Fundación Imor de Barcelona. Esta técnica es la más indicada para afrontar los cánceres de próstata localizados, es decir, los que no se han extendido más allá de esta glándula.
La braquiterapia debe combinarse con otros sistemas de
radioterapia externa cuando se está ante un tumor con un riesgo elevado de persistencia y deslocalización. Tras finalizar el tratamiento braquiterápico, se realizan unos controles que ayudan tanto a los pacientes como a los facultativos, a los primeros a tranquilizarse sobre su estado y a los segundos a aprender de la evolución para mejorar los procedimientos y beneficiar así a otros enfermos.
Guix ha asistido al reciente Congreso Americano de Radioterapia celebrado en Los Angeles. Entre las conclusiones a las que se llegaron, destaca la certeza de que las líneas a seguir deben ser actuar con
la mayor precisión y conseguir la mayor calidad de vida posibles para el paciente, y para ello hay que aprovechar los últimos avances en radioterapia: la guiada por imagen, la de intensidad modulada y la de cálculo en tiempo real de distribuciones de dosis. Los descubrimientos han sido espectaculares en los últimos años, pudiéndose hablar de radioterapia tanto guiada por la imagen como por "el metabolismo del paciente", señala el doctor Guix, quien también destaca la enorme importancia del diagnóstico precoz basado en los
controles de PSA realizados mediante sencillos análisis de sangre.
Guix dice que, en la lucha contra el cáncer, "la formación y la inversión continuada es una rueda que ya no se puede parar".