El sedentarismo, el colesterol, la hipertensión... muchos de estos hábitos se pueden controlar con la dieta y el ejercicio físico. Se debería hacer medicina preventiva y no tener que llegar a padecer un infarto o un accidente cerebrovascular para cambiar los hábitos de vida nocivos.
La rehabilitación después de un infarto parte por dirigir los primeros pasos del paciente, una vez dado de alta, hacia los cambios de estilo de vida: ejercicio físico, dieta y control estricto de los factores de riesgo.
El ejercicio físico está demostrado que, practicado con moderación, tiene sus beneficios. El más práctico de todos es andar con un paso ligero; esto ya es suficiente. Un paciente que ha sufrido un infarto, el primer día de paseo debe andar poco y de forma paulatina, debe acabar andando entre tres cuartos de hora o una hora diaria. Hay que adaptar la cantidad de ejercicio físico a cada paciente ya que no todos los infartos son iguales ni tampoco todos los pacientes quedan igual después.
Una relación sexual comporta para el corazón un esfuerzo físico moderado, el equivalente a subir dos pisos. La recomendación habitual después de sufrir un infarto es esperar entre 4 y 5 semanas. También se han de tener en cuenta una serie de recomendaciones como no tener relaciones sexuales después de haber hecho ejercicio físico y después de comer.
Un paciente que haya sufrido un infarto deberá tomar medicación después de este. La aspirina es el único fármaco que se deberá tomar de por vida, los otros fármacos se deberán tomar en función de las necesidades.
La aspirina como preventivo no tiene ningún efecto, sólo se debe tomar cuando está diagnosticada una arteriopatía, sea coronaria o en cualquier localización del organismo o bien, cuando un paciente no ha tenido ningún problema arterial se juntan varios factores de riesgo, fundamentalmente si uno de ellos es la diabetes.
Hay un factor de riesgo que actúa tanto en el desarrollo y la progresión de la arteroesclerosis como en el evento agudo que es el tabaco. El hábito tabáquico tiene una gran importancia a la hora de poner en marcha un evento agudo como un infarto o una angina de pecho.

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