
A pesar de los avances en el desarrollo de fármacos antiepilépticos, existen epilepsias refractarias (que son resistentes a los fármacos) que representan un problema clínico con una afectación de más del 35% de los pacientes con epilepsias parciales.
De esta manera lo indica el doctor Antonio Gil-Nagel, director del programa de epilepsia del Hospital Ruber Internacional de Madrid.
Epilepsia refractaria
Los pacientes diagnosticados de epilepsia refractaria ascienden a los 100.000 en nuestro país. En estos casos lo que se debe hacer ante todo es etiquetar el tipo de epilepsia que sufre la persona porque puede que el fármaco precrito no sea el adecuado. Una vez verificado que el tratamiento que se ha usado es el correcto, el siguiente punto será ver si existe la posibilidad de operar al paciente para mejorar la epilepsia. Lo mejor es ingresar al paciente en una unidad de monitorización durante unos días e incluso retirarle la medicación con el fin de inducirle episodios de crisis y así poder observar con certeza lo que le ocurre.
Confusión de diagnóstico
Existe la posibilidad de que haya un error en el diagnóstico y que en realidad no se esté ante un caso de epilepsia. Debemos tener en cuenta que el médico se encuentra en desventaja ante sus colegas de otras especialidades porque él no puede saber lo que le ocurre al paciente cuando padece una crisis sino que se debe fiar de lo que le describen. Las dos causas de error más frecuentes en el diagnóstico son los sincopes, que cursan con lipotimias que a veces producen convulsiones, y las crisis de naturaleza de tensión psíquica, que están más relacionadas con trastornos de tipo psiquiátrico.
Avances en investigación
La investigación en este campo avanza pero de forma lenta. La epilepsia es una de las enfermedades menos queridas en medicina y no se ha investigado tanto como en otras patologías con más repercusión mediática. Una buena noticia es la decisión que ha tomado recientemente el Parlamento Europeo por la cual quiere convertir la epilepsia en una enfermedad en la que los estados miembros deban invertir más en su investigación y asistencia clínica.