Si se presenta un ictus pueden ocurrir desde la propia muerte del paciente, hasta en casos de supervivencia, tener secuelas más o menos graves en función de la gravedad del ictus y del tiempo que se tarde en acudir a un centro hospitalario con unidad de ictus.
Un ictus puede provocar secuelas diversas, como trastornos sensitivos, déficit de visión, trastornos motores, pérdida de sensibilidad, faltas de equilibrio y afectación en el habla, puntualiza el Doctor Juan Carlos López Fernández, neurólogo del Hospital Dr. Negrín de las palmas de Gran Canaria y Vocal del Grupo de Enfermedades Cerebrovasculares de la Sociedad Española de Neurología.
Los accidentes isquémicos transitorios también pueden dejar ciertas secuelas, si bien como su nombre indica, son accidentes que en breve tiempo se reponen por si solos, aunque significa que hay algún aviso para sufrir un futuro ictus y por tanto el neurólogo deberá valorar el estado del paciente y la facilidad de recurrencia para nuevos ataques.
Superado un ictus, la rehabilitación que se llevará a cabo por parte de los gabinetes de neurología, primará la rehabilitación individual de cada secuela, tanto las del lenguaje, como las motoras o sensitivas, favoreciendo que ese tratamiento se haga lo más rápido posible, durante el tiempo que se precise y de forma continua e intensa para facilitar la integración en su vida social y familiar.
El llegar a tiempo a ser tratado por una unidad de ictus significa que hay estrategias para favorecer la rotura del coágulo, mediante trombólisis, por vía intraarterial, o mediante otras técnicas destinadas a minimizar las consecuencias, y poder instaurar precozmente la terapia física.
La terapia farmacológica ayuda en dos vertientes, ya que por un lado previene la recurrencia al estar asociada a la muerte y a la discapacidad, pero por otro lado, a largo plazo se asocia a recurrencia de eventos vasculares y otras complicaciones como rigidez muscular, crisis epilépticas,…
El tratamiento en fase I, está basado en reabrir una arteria ocluida gracias a fármacos como los trombolíticos que rompen el coágulo en fase aguda, como en España y en Europa mediante el fármaco RTPA.
Una vez que se ha sufrido un ictus hay que evitar o prevenir la aparición de nuevos ictus u otros accidentes vasculares, por lo que muchos gabinetes médicos trabajan para minimizar las afecciones que provoca, desde logopedas, hasta los propios neurólogos o bien incluso los fisioterapeutas.

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