
Según la doctora Anna Cisteró, alergóloga, jefa del servicio de alergias de USP-Instituto Universitario Dexeus de Barcelona, lo que los padres nunca deben hacer ante un ataque de asma de sus hijos es ponerse nerviosos
porque pueden contagiar esa angustia a los pequeños, quienes pueden bloquearse y ser menos permeables a los efectos de la medicación.
Otra cosa que nunca debe hacerse es automedicarse, sobre todo cuando el ataque asmático se manifiesta por primera vez.
Casi el
80 por ciento del asma infantil está causada por una alergia. Para salir de dudas se recomienda realizar unas pruebas para detectar alérgenos, cuyos resultados a veces no son esclarecedores, por lo que como alternativa se propone entonces llevar a cabo un control ambiental. Tras este proceso, al cabo de un año o dos pueden obtenerse resultados positivos de las pruebas efectuadas.
Frente a las
asmas infantiles rebeldes, primero hay que averiguar si el paciente sufre ahogos causados por otras patologías. Una vez descartadas estas otras afecciones, hay que realizar las pruebas de alergia, que pueden consistir en
exámenes cutáneos o en la recogida de una gota de sangre en la punta del dedo para detectar la posible presencia de anticuerpos con respuesta a los alérgenos.
El tratamiento posterior se basará en el uso de
inhaladores y en proporcionar información a los padres para que conozcan bien la enfermedad. La terapia debe cumplirse escrupulosamente, ya que existen épocas, como las otoñales, en que los ácaros y los virus oportunistas provocan cuadros asmáticos, y también otros que no llegan a serlo pero que son muy molestos, como catarros, hiperreactividad bronquial, etc.