El propóleos es una sustancia que producen las abejas y que la producen a partir de las yemas de distintos árboles como el plátano, el castaño, la haya, el abeto, etc. Las abejas especializadas, llamadas propolíferas, toman esa sustancia durante las horas más cálidas del día. En la colmena, otro tipo de abejas las transforma en propóleos. Los utilizan para pintar las paredes de la colmena, para protegerlas y desinfectarlas.
Los propóleos tienen propiedades anti-microbianas, antioxidantes, protectoras de la mucosa y la piel; alivian, cicatrizan y suavizan las inflamaciones y refuerzan el sistema inmunitario.
En la India se reporta el uso de los propóleos a 6.000 años a.C, en el tratamiento de las heridas. Los egipcios lo usaban para mezclarlo con los bálsamos de embalsamamiento. En la medicina occidental los propóleos aparece a principios del siglo XX.
Tomar por vía oral los propóleos refuerza el organismo y localmente, chupando un caramelo de los propóleos o pulverizando un spray, sirve para el cuidado de las faringitis, para aliviar los síntomas de afonía, aftas bocales o gingivitis.
Todos los propóleos tienen unas características similares, aunque dependen de la zona de donde procedan, ya que dependiendo del tipo de árboles hayan utilizado para extraer las yemas tendrán ligeras diferencias en la composición.
La calidad de los propóleos dependerá de la forma de extracción. Se debe quitar la cera y si se hace en caliente, desaparece el aceite esencial y este es responsable de una parte de la acción antiséptica de los propóleos. Si se utilizan buenas técnicas pueden hasta mejorar el sabor de los propóleos.
Hay preparados que están especialmente formulados para los niños; aunque en niños menores de 2 años no se debe dar sin consultar antes al médico.
La salvia es una planta muy útil porque tiene acción astringente y acción protectora de las mucosas y de la piel. Tiene acción desodorante. Ayuda a mejorar los síntomas de la irritación de garganta.

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