La prevención comienza en edades muy tempranas, casi desde que el niño se está gestando en el seno de su madre. Se ha visto que madres que tienen sobrepeso suelen tener niños con sobrepeso y también ocurre lo contrario; madres que han tenido niños con muy bajo peso, por insuficiencia placentaria, por haber sido fumadoras durante el embarazo o por no haber comido bien durante el embarazo y esos niños también pueden tener obesidad.
Hay que dedicarles un tiempo preciso a las pacientes embarazadas y hacerles hincapié, no sólo en las patologías que se puedan derivar del estado de gestación, sino en inculcarles hábitos de vida saludables para ellas y para su bebé.
Dependiendo del índice de masa corporal que se obtiene de dividir el peso por la talla al cuadrado, un individuo puede tener un normopeso, sobrepeso, obesidad, obesidad mórbida o obesidad extrema. Si el índice está por debajo de los 18'5 indica que está en un bajo peso, entre 18'5 y 25 se considera un peso normal, entre 25 y 30 es un sobrepeso y por encima de 30 se considera que el individuo tiene una obesidad.
No se debe hablar de alimentos prohibidos; en una alimentación saludable están admitidos todos los alimentos, sólo depende de la cantidad y de la frecuencia con que se tomen. Eso es lo que, en un determinado momento, va a provocar unas patologías en el individuo.
Para conseguir una pérdida de peso y, siendo los hábitos una cosa difícil de cambiar en la población, se debe contar con la motivación y los médicos deben propiciar esa motivación. Hay que hacerlo poco a poco y no hacerlo con prisas. El éxito pasa por mejorar los hábitos y contar con su motivación y colaboración. La alimentación saludable puede servir para el verano y para toda la vida.

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