El estrés, el aumento de trabajo y la incorporación de la mujer a la vida laboral son factores determinantes en la dieta. Hay una tendencia a la comida rápida, a eliminar la cocina tradicional y el arte culinario; todo ello deberían ser aspectos que recuperar.
La crisis económica puede ayudar a replantear valores como el comer en casa, comprar con más conciencia, consumir fruta y verdura de la temporada y recuperar la cocina de las sobras. Hay que volver a los ingredientes naturales para cocinar y quitar del carro de la compra comidas preparadas, refrescos y aperitivos.
En épocas anteriores, se comían menos grasas y menos azúcares de absorción rápida y se movían mucho más. Hay que emplear el tiempo necesario en la cocina y hacerlo de manera que toda la familia pueda participar.
Existen productos muy baratos que llenan mucho de manera calórica y en eso radica la trampa. Se debe conseguir el mismo aporte calórico de manera sana y natural.
Los problemas relacionados con la alimentación son la obesidad, la diabetes, la hipercolesterolemia, la hipertensión... Todo esto está ayudado por el sedentarismo, la falta de ejercicio. Se debe buscar un equilibrio entre lo que se ingiere y lo que se gasta. Si se eligen mal los alimentos y en cantidades exageradas para nuestras necesidades y además se gasta poco, es cuando aparecen esta serie de trastornos.
Comer bien es relativamente sencillo si se recupera un poco la sabiduría de antaño. Los hábitos han cambiado; ahora se utilizan las escaleras mecánicas o los ascensores, no se han de levantar para cambiar el canal de televisión o coger el teléfono... todo esto conduce a un menor gasto energético.
Los alimentos funcionales son aquellos que intentan conseguir una mejora en la alimentación; quieren introducir beneficios más allá de los propios e influir sobre numerosas enfermedades. Hay algunos que son naturales y otros que no lo son tanto, manipulados de forma industrial para conseguir esos beneficios.
La sociedad busca soluciones mágicas para compensar. Existen muchos alimentos que no se ven como funcionales pero lo son, como la leche desnatada.
En una alimentación correcta no hay que eliminar ningún alimento porque ninguno es malo. El pan, las patatas o el arroz no son alimentos que engorden de manera especial; hay que tener claro que todos los alimentos engordan, lo único que no engorda es el agua.Esos alimentos que se han desterrado son aquellos que son básicos y que deben estar en la alimentación diaria.
La gente está más informada sobre la alimentación; pero no tiene formación ni base para saber que cantidades mínimas necesita el cuerpo para hacer una dieta variada.
Hay que insistir para que los niños coman verdura y pescado; la mejor manera es que los padres la coman. Se les debe hacer partícipes de todo el proceso, desde la hora de la compra, pasando por la elaboración en la cocina hasta sentarse en la mesa con los adultos y comer lo mismo que ellos.
Se debería incluir en los colegios una asignatura de alimentación; aunque a nivel de los colegios se empieza a trabajar desde edades muy tempranas el tema de la alimentación. Como padres hay que poner límites y no enfadarse a la hora de la comida. Los niños tienen derecho a que no les guste una cosa, pero deben saber que deben comérselo. La tarea de enseñar a comer a los niños debe hacerse en casa y dando ejemplo.

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