
Uno de los principales problemas a los que se enfrentan los médicos cuando tratan a pacientes coronarios que superan los 80 años de edad son los riesgos de
sangrados cuando se les administran fármacos para disolver coágulos derivados de
infartos, ya que pueden acabar desembocando en graves hemorragias. Así lo ha contado el doctor Héctor Bueno, coordinador de cardiología clínica del servicio de cardiología del Hospital Gregorio Marañón de Madrid.
Estos
pacientes ancianos con cardiopatías son muy complicados de tratar porque a menudo sus problemas están asociados a otras dolencias como las cerebrales, y eso dificulta mucho la toma de decisiones. Mucho de sus órganos están castigados por el hecho de que los
factores de riesgo vinculados a las enfermedades coronarias, como la diabetes o la hipertensión, son de larga duración. Además, este perfil de enfermo es candidato a sufrir abundantes lesiones difusas en multitud de vasos, lo que añade más obstáculos a los intentos de resolución.
España, que según Bueno es el
tercer país más longevo del mundo tras Japón y Francia, será en el año 2050 la nación europea con más pacientes ancianos, que hoy en día ya son mayoría en las consultas de los cardiólogos. En opinión del doctor, la medicina no se está preparando lo suficiente para afrontar estas previsiones, y habla de cierta "resignación".
Bueno certifica que existen
fármacos que reducen la frecuencia cardiaca, pero reivindica el ejercicio físico como fórmula ideal para conseguir esos resultados. Por lo que respecta al uso de betabloqueantes para tratar la angina de pecho, el doctor recuerda que esos medicamentos a veces están limitados por la presencia en pacientes muy mayores de otros problemas de salud, como son los de origen pulmonar, por poner un ejemplo.