
El doctor Xavier Garcia-Moll, cardiólogo del Hospital Sant Pau y consultor de la Fundación Puigvert de Barcelona, considera "lamentable" que hoy en día las mujeres teman más al cáncer de mama que a una
angina de pecho, ya que, en cuestión de cardiopatías, el sexo femenino corre los mismos riesgos que el masculino. De hecho, muchas mujeres se confían ante determinados síntomas al creer que la
cardiopatía isquémica es cosa sólo de "hombres".
Lo que para los varones serían síntomas sospechosos de una
grave cardiopatía, para algunas mujeres podrían ser el resultado de una simple combinación de "dolor, pena, fatiga, etc", dice el doctor. "Las mujeres pueden tener umbrales de dolor diferentes, con lo que sus señales de alerta no están tan presentes", agrega. Dado que
en caso de infarto el tiempo es oro, cuanto más tarde acuda una mujer a urgencias menos probabilidades habrá de frenarle el ataque.
La cuestión no es baladí. Tras la
menopausia, la mujer, cuyas arterias más pequeñas las convierten en más difíciles de tratar, "deja de estar protegida" y debuta en el terreno de la
cardiopatía isquémica una década más tarde de promedio con respecto a los varones, explica Garcia-Moll. A esto se le suma el hecho de que ciertas
pruebas de diagnóstico, como las de esfuerzo, pueden resultar menos precisas en mujeres por la variabilidad en la colocación de electrodos debido a razones puramente anatómicas, dice el doctor.
Además, las mujeres en general tienden a tener la
frecuencia cardíaca más elevada, lo que incrementa los riesgos. En la actualidad, fármacos como la
ivabradina frenan el ritmo del corazón. Ya se está estudiando su uso en cardiopatía isquémica aguda y pronto se empezará a hacerlo en la insuficiencia cardíaca.