El sistema funciona gracias a unas baterías externas que se alimentan con corriente eléctrica estándar, que pesan unos dos kilos y tienen una autonomía cada una de ellas de 4 horas, lo que proporcionan a la paciente total movilidad y autonomía durante este periodo de tiempo. La enferma, que tiene que llevar las baterías en una bolsa, puede hacer una vida relativamente normal, pasear por la calle o hacer las tareas del hogar, pero se le recomendará no realizar grandes esfuerzos. El dispositivo Incor trabaja a entre 5.000 y 10.000 revoluciones y tiene un peso de unos 200 gramos. Puede llegar a dar un flujo de unos seis litros de sangre, suficientes para una persona adulta. El dispositivo tiene un coste de unos 90.000 euros. En el resto del mundo ya se han practicado 300 intervenciones similares a la realizada por el hospital de Bellvitge. De las 300 personas que viven gracias a este sistema, el más longevo es un ciudadano estadounidense que desde hace siete años lleva un corazón artificial como este. Los médicos no han descartado que la paciente de Bellvitge pueda someterse a un trasplante convencional en caso de que la enfermedad no desvelada que sufre la mujer y que por ahora ha impedido esta operación, remita en un futuro.
Baterías vitales Las reducidas dimensiones del dispositivo permiten su colocación en el interior de la cavidad torácica del paciente. El aparato se conecta mediante un cable que pasa por debajo de la piel con unas baterías externas que se alimentan mediante la corriente eléctrica. Su autonomía es de unas 16 horas.
La operación duró unas cinco horas y la paciente continúa ingresada en el hospital, donde se espera que reciba el alta definitiva en cuatro semanas.

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