
Existen pacientes que a partir de los 40 años de edad tienen signos del llamado
"lóbulo medio", o crecimiento de la próstata hacia la vejiga, con lo que antes de cumplir los 60 años ya deben haber sido operados. Cuando aparecen los primeros síntomas se recurre al tratamiento farmacológico, que se divide en alfabloqueantes y los inhibidores del enzima alfa 5 reductasa, explica el doctor Gilberto Chéchile, urólogo y director médico del Instituto Médico-Tecnológico de Barcelona.
Los
alfabloqueantes relajan la musculatura del cuello de la vejiga con el objetivo de facilitar el acto de la orina, pero hay que tener en cuenta sus efectos secundarios, la denominada eyaculación retrógrada, es decir, el semen retrocede y sale después mezclado con la orina. En cuanto a los inhibidores, frenan la hiperplasia benigna de próstata e incluso pueden reducirla en un 25-30 por ciento de casos en un plazo de 6 meses, pero pueden producir impotencia sexual en el 4 por ciento de pacientes. Los efectos se notan a los 6 meses y la medicación debe tomarse de manera permanente. Si todo esto fallara, se debería recurrir a la cirugía.
El doctor Chéchile confía en que el láser verde, indicado para el tratamiento del agrandamiento prostático, sea asumido a corto plazo por la seguridad social española. Chéchile dispone de esta herramienta desde hace 3 años, en el transcurso de los cuales ha realizado más de 200 tratamientos. El láser verde vaporiza la próstata al
cerrar los vasos y evitar el sangrado, ya que, a diferencia de la cirugía convencional, con este tipo de láser la posibilidad de sangrado es mínima y por tanto no se reserva plasma. Al día siguiente de la intervención, el enfermo vuelve a casa, y sin sonda.