Las causas básicas del dolor crónico son un dolor agudo mal tratado que termina cronificándose o bien enfermedades que generan problemas de larga duración o degenerativos, como la artrosis, que a lo largo del tiempo van generando diversas crisis y, al final, se establece una situación de dolor permanente con agudizaciones puntuales.
Hay un sustrato anatómico y funcional en el que, a raíz de no cortar ese dolor agudo, se generan unos mecanismos que perpetúan el cuadro, incluso cuando la lesión que originó el dolor ya no existe ( fractura, lesión de nervio o de un músculo..). Esa sensación dolorosa que permanece en el tiempo es, muchas veces, difícil de tratar ya que se ha convertido en otra enfermedad.
En el dolor de espalda crónico lo primero es descartar una enfermedad que haya perpetuado el cuadro y el enfoque debe ser múltiple, desde el punto de vista físico, farmacológico y psicológico. Se debe enseñar a la persona que tiene dolor crónico que es una situación que influye en su estado anímico generando pensamiento negativistas y que hay que manejar esos pensamientos para poder manejar el dolor.
Los tratamientos de elección suelen ser los analgésicos, como el paracetamol y los antiinflamatorios, que solo se deben usar cuando se aparece un proceso agudo inflamatorio dentro de ese dolor crónico. También los opiáceos que son una buena herramienta para controlar dolores de mucha intensidad y utilizados de una forma correcta, pueden ayudar al paciente. Hay que quitar el miedo a la adicción, si están bien prescrito no la generan.
Es frecuente que personas con cuadro degenerativos como la artrosis o con cuadros de sobrecarga articular o inflamatorios que se perpetúan en el tiempo aprendan a reconocer cuando van a tener una crisis. Son cuadros frecuentes en la consulta del médico de familia, 4 de cada 10 pacientes acuden por dolor.
Hay herramientas para controlar el dolor, incluso el crónico. La persona que lo sufre muchas veces lo hace por desconocimiento. Son de tipo físico, como la rehabilitación, la fisioterapia o las terapias farmacológicas.
El dolor crónico puede alterar la salud mental de las personas, genera cuadros depresivos, alteración del sueño, alto grado de fatiga, sensación de no ser útil... pero también tiene alteraciones sociales ya que afecta al entorno familiar y laboral. Muchas veces se recurre a los antidepresivos como complemento a los analgésicos para ayudar a la persona a mejorar su calidad de vida.

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