El deportista ocasional es aquel que tiene mayor riesgo de sufrir una fractura en el pie, sobre todo si tiene exceso de peso. Este tipo de fracturas se denominan fracturas por estrés, sin traumatismos.
El pie del deportista se debe proteger más que el de una persona normal porque está sometido a muchas fuerzas; por ello, se debe colocar un buen amortiguador como un buen zapato deportivo. Cada deporte tiene sus características, lo que lleva a escoger un calzado propio para cada modalidad. El Doctor Eduard Rabat, cirujano ortopédico, explica que en su especialidad ve problemas graves, como fascitis plantares, por haber utilizado una zapatilla deportiva incorrecta.
No hay que utilizar la misma zapatilla de deporte para la vida cotidiana que para el deporte. Se debe guardar un calzado para la práctica deportiva. Para este tipo de practicas hay que tener en cuenta tres puntos: el primero es la suela, que tiene que absorber el golpe contra el suelo, debe tener grosor en la parte delantera y trasera del pie y ser diferente en la parte central. El segundo punto es la plantilla que adapta el pie a la suela y el tercer punto es la parte externa de la zapatilla, que cumple la función de sujetar el pie.
El deportista debe saber si tiene un pie pronador, que cae hacia dentro o un pie supinador, que es el que se gira hacia fuera. Existen zapatillas para correr pronadores o supinadores. Si un corredor tiene un pie muy pronador necesitará un plantilla ortopédica para compensar este defecto. Un mal calzado puede ser el causante de un esguince de tobillo.

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