Los tratamientos para el asma son muy eficaces y gracias a ello, ha disminuido el riesgo de mortalidad por asma en los últimos 25 años. También han disminuido de forma notable los ingresos en urgencias. Pero parte de las personas no tienen el asma suficientemente bien controlado; en general, esto ocurre porque no se cumplen bien unos criterios adecuados, no hay rigor en las consultas o en el tratamiento. Si se hace de forma correcta, el asma es una enfermedad que permite hacer vida normal aunque obliga a un control y a visitas médicas periódicas.
Las pautas que siguen los médicos son internacionales y la información que se da a los pacientes debe ser de forma oral y escrita. La responsabilidad del seguimiento del tratamiento la tiene el paciente, porque algunos de ellos siguen fumando o no cumplen las normas higiénicas.
El asma es una enfermedad respiratoria de origen alérgico. La alergia es un mecanismo de defensa, que se da en zonas del cuerpo que están en contacto con el exterior; la piel, el sistema respiratorio, el digestivo. No todos el asma es de origen alérgico aunque lo son la gran mayoría.
El asma se detecta a través de un buen historial médico y una exploración. Después se realizan pruebas complementarias como la espirometría; si no se consigue el diagnóstico, se puede provocar una crisis de asma con las llamadas pruebas de provocación. También existe marcadores en sangre de inflamación asmática.
Existe algún tipo de asma que empeora con el frío por la aparición de virus y la presencia de ácaros en la ropa de casa y otro tipo de asma que se relaciona con el polen que empeora con el calor.

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