Un niño que padece intolerancia a la lactosa puede que de adulto ya no la padezca. Pero "hay un 14% de niños y 35% en adultos que a partir de cierta edad (los 3 a 11 años) están programados genéticamente a perder la lactasa".
El doctor Ramón Tormo, jefe del servicio de gastroenterología infantil del Hospital Valle de Hebrón de Barcelona, explica que para detectar una intolerancia a la lactosa se deben percibir diarreas o dolor abdominal.
Esta intolerancia se diagnostica dando un vaso de leche o yogur y haciendo soplar al niño. Entonces, según el nivel de los gases, los médicos saben si se padece este trastorno o no.

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